Rogelio Cedeño Castro:
¿SOMOS INCAPACES DE APRENDER DE LA HISTORIA?
EL ABRUMADOR PESO DE LA RUTINA .
Inmersa en las actividades de la vida cotidiana, por lo general destinadas a
la mera supervivencia en la gran mayoría de los casos, o a la satisfacción
de los requerimientos de algunos egos desmedidos, entre quienes integran las
minorías privilegiadas que conforman las elites, por lo general no tan
selectas, de los países de la región Centroamericana y del Caribe, por no
hablar a escala continental o planetaria, la mayor parte de los habitantes
de un país y el nuestro, la pequeña Costa Rica, no es la excepción, la
llamada ciudadanía (hoy tan disminuida ante el número creciente de
consumidores, cada vez más ajenos al mundo de la política) no logra percibir
la compleja trama social (¿cómo podría hacerlo si su verdadera naturaleza
aparece enmascarada, por lo general por un discurso presuntamente
democrático) dentro de la que se mueven los verdaderos intereses de aquellos
que están acostumbrados a detentar el poder político en función de su
exclusivo beneficio.
Lo más grave:
Lo más grave, sin embargo, es que la representación
teatral de todos los días, por parte de quienes actúan al servicio del
régimen propio del capitalismo delirante y su idolatria por el mercado,
termine siendo creída y asumida en sus consecuencias hasta por algunos
sectores de las elites que se consideran más cultos y pensantes.
¿De izquierda acaso?
LOS MECANISMOS DEL RÉGIMEN.
Por otra parte, los engranajes del régimen imperante parecen funcionar a la
perfección, con el apoyo del inmenso aparato mediático nacional e
internacional, dentro de lo que constituye una acumulación de poder de tal
magnitud que, por momentos parece desalentar cualquier iniciativa de
aquellos grupos o sectores sociales que todavía intentan resistir a este
orden totalitario, propio de lo que algunos autores (vgr. F Lyotard y otros)
llamaron, de una manera probablemente apresurada, la postmodernidad, cuando
todavía seguimos atrapados por los cantos de sirena de algunos políticos
acerca de las promesas de una modernidad que nunca llegó y de un desarrollo,
todavía más quimérico.
DE LA MENTIRA CONVERTIDA EN VERDAD.
A pocos días de unas votaciones generales, para escoger el Presidente de la
República, los diputados y los regidores municipales la gran mayoría de los
costarricenses prefieren darse por no notificados de que tales comicios
tendrán lugar el domingo entrante (el 7 de febrero de 2010). Los personeros
del régimen con las poderosas herramientas mediáticas de que disponen
(prensa, radio y televisión) prosiguen en su imparable camino de convertir
la mentira en verdad, como en el viejo lenguaje orwelliano (vgr. George
Orwell 1903-1950), propio de la novela 1984, de ese recordado escritor y
periodista inglés. La única variante es que en estos trópicos al fascismo y
a la dictadura no se les llama por su nombre y aquí todos, víctimas y
victimarios, se autocalifican de democráticos dentro de una cierta
complicidad para asegurar, al parecer en conjunto, que vivimos en una
sociedad democrática, aunque los hechos demuestren lo contrario.
¿Cuándo aprenderemos que la derecha no es democrática y que cuándo, como en
Honduras, hace pocos meses, sus intereses se encuentran amenazados está
dispuesta a sacar a los militares de sus cuarteles?
En Costa Rica, las cosas no se hacen exactamente así pero, como lo demostró el referéndum del 7 de
octubre de 2007, a propósito del TLC con los Estados Unidos, los resultados
pueden ser los mismos: la muerte lenta de toda institucionalidad y práctica
realmente democráticas.
LO SALUDABLE DE LLAMAR A LOS COSAS POR SU NOMBRE.
De ahí la gran virtud que tiene el discurso del expresidente Luis Alberto
Monge Álvarez, al dar su adhesión a la coalición patriótica de los partidos
Acción Ciudadana, Integración Nacional y Alianza Patriótica, para apoyar la
candidatura del señor Ottón Solís Fallas. El decir, como lo hizo el
expresidente Monge, que vivimos en una dictadura indecente y que la
democracia nunca ha estado tan amenazada como hoy en Costa Rica tiene la
virtud de la sanidad. El principio de la curación está en reconocer la
naturaleza y el nombre de la enfermedad que nos aqueja: la peste
autoritaria de la dictadura en democracia y el culto a la mentira de los
personeros del régimen, contando con la complicidad y el apoyo del poderoso
aparato mediático que parece adormecer la conciencia de muchos.
LAS INTOCABLES EMPRESAS ENCUESTADORAS.
Otro de los mecanismos del régimen que permanece intocable, es el de las
llamadas empresas encuestadoras, las que hace cuatro años mintieron hasta la
saciedad para confundir a los electores acerca de una presunta gran ventaja
de Oscar Arias sobre Ottón Solís, la que no apareció por ningún lado, a la
hora de la verdad. Al parecer las CID-Gallup y las Unimer están protegidas
por un manto de santidad, y hoy día, al igual que a principios del año 2006,
en vísperas de otras elecciones generales, continúan construyendo un
universo ficticio para vendernos la idea de que Laura, la candidata del
régimen lleva un 44% de preferencias electorales y que el relevo del mismo
régimen, el señor Otto Guevara, anda por un 30% de posibles votantes. De un
plumazo, borran del universo electoral al PAC y otras opciones político-
electorales que pudieran ser una respuesta al régimen imperante para sumir
en la desesperanza a aquellos que pudieran estar dispuestos a luchar contra
este estado de cosas, además de negarles el financiamiento de sus campañas,
a partir de los resultados de esas encuestas, dentro de lo que constituye un
chantaje perfecto. Lo más terrible, sin embargo, reside en lo poco que
aprendemos de la historia, inclusive de la reciente historia política
nuestra y cómo volvemos a caer, de manera infantil, en los mismos
errores…hoy al igual que hace cuatro años, al darle crédito a quienes se
dedican, día a día, a fabricarle a los candidatos del régimen un presunto
resultado electoral hecho a su medida, aunque sin ninguna conexión con lo
que de verdad puede estar ocurriendo. ¿Será que carecemos hasta de un
elemental instinto de conservación?.