Sindicatos en la Hora Veinticuatro.
Ya han pasado muchos meses, más de ocho, de la gran derrota del movimiento popular en la lucha por preservar las conquistas de la Reforma Social.
Después de años de ardua lucha popular, sindical y política, la clase trabajador habia logrado en nuestro país crear leyes e instituciones, a las que llamamos “garantías sociales”. Con ese nombre se incorporaron a la Constitución, Ley suprema, secuestrada hoy en día por la Sala Cuarta y el “Cínico Defensor de la Constitución” quien maneja a aquella a su antojo.
Fue a partir de la aprobación del Código de Trabajo, la creación del Seguro Social y la Garantías Sociales en la Constitución, que este pueblo trabajador logra, no sin mucho sacrificio y muchas muertes, crear una sociedad con rostro humano. Pero sí somos más justos, debemos recordar que fue a partir de 1924, con la creación del Banco de Seguros y el seguro contra accidentes de trabajo, que se plasma la primera de las conquistas sociales que lograría la clase trabajadora en el Siglo XX, gracias a la lucha política del Partido Reformista y de todo el movimiento de lucha social que lo antecedió.
Esa primera conquista ha caído ante las huestes de G.Walker B. Los seguros serán ahora un negocio privado en nuestra amada Costa Rica.
Ha llegado el momento de sacar algunas conclusiones y de establecer algunos nortes en la lucha que la Clase deberá dar para enmendar los errores que nos han costado un duro retroceso en la justicia social. Desde los abuelos descalzos que dieron su vida y su salud en la guerra contra los filibusteros, hasta los cientos de trabajadores muertos en el 48, nos miran desde sus tumbas heroicas y nos preguntan ¿Y ahora que?
Un análisis de la Derrota:
(El exceso de confianza rompió el saco).
Lo primero que yo veo en este desolado panorama de la derrota fue la gran confianza que tenía la dirigencia social en la fortaleza de la organización popular y en la convicción mayoritaria del costarricense en su sistema socio económico.
¿Qué poder podía pasar por encima de la voluntad del pueblo?
No pudo Miguel Ángel, no se atrevió Abel. La derecha y sus amos extranjeros llamaron a su Campeón. Para eso fue necesario un golpe de estado. Lo dieron y no pasó nada. El General Arias encabezó la gran lucha por aplastar el agobiante sistema de solidaridad social que les impedía a las empresas explotar a su gusto a trabajadores y consumidores.
La dirigencia popular se mostró confiada, tenía una línea Maginot con dos grande fortalezas: La organización popular y su lucha en las calles del país y una Opinión Pública Mayoritaria.
Ambas fortalezas flaquearon, y fueron sobrepasadas por “la artillería” de la derecha con cañones que disparaban miles de dólares y la “fuerza aérea” de la dictadura mediática con sus bombardeos continuos, que minaron poco a poco la confianza del pueblo.
La Organización Popular.
Su viga sísmica, sus columnas y su viga corona son los sindicatos. Como dice Cedeño “la presencia de nuevos actores en el movimiento de resistencia contra la ofensiva neoliberal en Costa Rica, tales como los comités patrióticos o las coordinadoras regionales no disminuye, en modo alguno, la importancia que tiene y seguirá teniendo el movimiento sindical”
Los sindicatos llegaron a la lucha debilitados por sus propias deficiencias. Dirigencias ciegas, no vieron su incapacidad para ganar una guerra de la magnitud de la que tuvo que dar el pueblo, a pesar de que hubo mucho tiempo para prepararla y de que se conocía lo mucho que estaba en juego y la fortaleza del enemigo.
La dictadura mediática emprendió una guerra de desgaste de muchos años y creo una base de animadversión en las clases altas y medias altas hacia la dirigencia sindical, que hizo perder a ésta la credibilidad y la legitimidad necesaria para encabezar una lucha de carácter nacional.
Un movimiento sindical débil, con poca afiliación, sin democracia ni formación interna, fraccionado, con una dirigencia perpetua, muy fácil de personalizar.
La dirigencia sindical, en lugar de enfrentar la campaña de desprestigio, y encabezar la lucha sin complejos ni concesiones, se agachó y puso a esos “nuevos actores” a encabezarla. Lo correcto habría sido refrescar la dirigencia, por renovación o por consolidación. Quien había cometido errores debió ser sustituido a tiempo y quien no, debió ser reivindicado públicamente.
El sindicalismo está sesgado hacia el sector público, la dictadura mediática atacó una y otra vez los privilegios de esos sindicatos y de sus dirigentes; había mucho de cierto en lo que estaban criticando. Los sindicatos hincaron el diente sin compasión en la carne suave, muchas veces sin preocuparse de defender las instituciones saqueadas por los políticos neoliberales que las dirigían. El caso del INS fue escandaloso en el corrupto Gobierno de Rodríguez Echeverría. El sindicato del Anglo vio pasar la procesión de opilados del Gobierno Calderón Fournier. Los sindicatos de la Caja no denunciaron a los opilados del préstamo finlandés. Los sindicatos del ICE no se dieron cuenta de que pasaba con la contratación de Alcatel.
Cuando llegó la hora de la batalla decisiva, los dirigentes sindicales se sintieron débiles y no estuvieron en la primera fila de la lucha, quisieron pasar desapercibidos como queriendo dar a entender que la lucha no era sólo de ellos. Eso era cierto pero, le estaban dando la razón a sus detractores y el pueblo los vio muy desacreditados.
Debemos recordarles a los dirigentes sindicales que procuraron pasar desapercibidos, la frase del héroe del 56 “los generales no se agachan”
La dirigencia política.
La ingeniería y el estado mayor de la lucha popular son políticos, se requiere siempre un cuerpo pensante de planeamiento, de estrategia y de táctica de lucha. El movimiento popular se encuentra sin dirigencia política, fraccionada en grupúsculos insignificantes, con dirigentes en lucha de vanidades y de oportunidades, opacados por un partido pequeño burgués de corte pueblerino sin ideología ni doctrina política, mimetizado por un líder sin talento político ni imaginación creadora, con escasa voluntad de triunfo y sin suficiente convicción política para consolidar sus ideas. Ese sector de clase media, que parecía pertenecer al partido pequeño burgués, fue el causante de la derrota popular, puesto que en un arranque de cobardía ante las amenazas de los y las funcionarias del Imperio, cambió su voto en una proporción de uno por cada tres votantes. Por eso se perdió San José, Heredia, Curridabat, Montes de Oca, y otros muchos cantones en donde el partido pequeño burgués había obtenido mayoría en la elección presidencial.
La ideología del costarricense.
Era claro que la mayoría de los costarricenses, una amplia mayoría, apoyaba las instituciones sociales y económicas del modelo costarricense de solidaridad social y servía de resonante en las luchas que las organizaciones populares dieron previamente a la lucha contra el TLC (CATSA) como por ejemplo el combate contra el combo ICE. Eso lo sabía la dirigencia empresarial y lo sabía los dirigentes políticos, y eso los inhibía a actuar con dureza y determinación para imponer sus designios.
Si alguien en el movimiento popular hubiese hecho un análisis de FODA se hubiera encontrado con esa fortaleza y hubiera recomendado analizarla, abriendo la discusión acerca de su importancia, de su trascendencia y al mismo tiempo de la superación de sus debilidades, para lograr su consolidación.
La convicción del costarricense sobre su sistema social solidario resultó superficial, para una buena parte de sus defensores e inexistente en una gran capa de clase media alta que se percibe como autosuficiente, apartada de las demás clases sociales y por lo tanto inexpugnable en su torre de marfil.
La fortaleza existía, pero en este caso “el lobo sopló y sopló y la “cabaña” se derrumbó”.
La pereza y la desidia habían ido destruyendo las convicciones, una campaña de la dictadura mediática que tomo como bandera la lucha contra los “monopolios” fue el viento que al final derrumbó el Instituto Nacional de Seguros y al Instituto Costarricense de Electricidad.
Que cada maestro en Costa Rica haga un análisis de conciencia, que cada profesor nos muestre su capacidad de convicción, para que nuestro pueblo no vuelva a reaccionar con tanta tibieza cuando le arrebatan sus conquistas sociales.
La “neoliberalización” del partido Liberación Nacional, antiguo reducto de los socialdemócratas, fue un factor importante en la lucha pues confundió a muchos de los menos formados militantes de la clase media.
El clientelismo político y las promesas demagógicas fueron claramente explotadas por el Gobierno para atraer o neutralizar a la clase de menores ingresos en las zonas más deprimidas. La Reforma Social no había sido importante para las clases marginadas, quienes no sentían solidariedad por las instituciones que iban a ser desformadas.
La organización popular se renovó en la lucha.
El surgimiento de los comités patrióticos, como un conglomerado de organizaciones territoriales desplegado a todo lo ancho y a lo largo del país, jugó un papel decisivo en la consolidación de las acciones de resistencia, propias de un evento electoral de esa naturaleza
Si bien debemos reconocer el apoyo que le dieron las organizaciones sociales, en especial el sindicalismo, es innegable que pudo se mucho más fuerte con un sindicalismo con una dirigencia más amplia, por ello más poderoso, mejor organizado y mejor formado.
Los Desafíos del Movimiento Sindical
Rogelio Cedeño sintetiza muy bien esta agenda, nos dice:
“La agenda del movimiento sindical para los próximos años tiene que experimentar variaciones importantes si es que se quieren enfrentar, de verdad, los graves desafíos que tiene planteados el movimiento popular costarricense en su conjunto, pero que tienen que ser resueltos a través de la acción de las propias organizaciones sindicales. Esto requiere de una actitud decidida pero también creativa y abierta a la comprensión de los violentos cambios que está experimentando la sociedad costarricense, como una realidad que nos está golpeando en pleno rostro.
Las viejas lealtades políticas, propias del período anterior y del pacto social que significó se terminaron, de tal manera que hay que luchar, de manera decida, por consolidar los derechos a la libre organización sindical de los trabajadores del sector público y extenderlos hacia el sector privado. La ausencia de sindicatos en las empresas privadas significa la existencia de un régimen de arbitrariedad y falta de derechos efectivos para la gran mayoría de los trabajadores costarricenses. El pasado referéndum nos demostró de que cuando no hay libertades políticas y sindicales para todos, en realidad no las hay para nadie y la democracia tiene las horas contadas”.
Para terminar Cedeño dice los siguiente: “Este es un tiempo para la reflexión, pero esencialmente para la acción y la lucha y si bien estas últimas requieren de la primera, sólo la acción y la lucha resueltas podrán revertir esta ofensiva del totalitarismo neoliberal. Se trata de una combinación de reflexión-acción que habrá de consolidar el salto en la conciencia democrática de los trabajadores y el pueblo costarricense, originado como uno de los resultados más importantes de la larga lucha que emprendimos, hace ya cuatro años, en contra de la aprobación y /o la puesta en ejecución del TLC con los Estados Unidos.”
Conclusión.
El desarrollo de la capacidad de lucha se debe gestar en la lucha hacia lo interno de las organizaciones. El temor de las dirigencias hace que se enclaustren en verdaderos bunkers burocráticos, usando tácticas antidemocráticas para según ellos lograr la pureza ideológica o política dentro de sus organizaciones. Ese temor al enemigo, ese temor a la renovación, ese temor al emergente, ha sido causa histórica de la debilidad del movimiento sindical. Por el contrario, la incorporación anual de nuevas dirigencias, constituiría por si misma, la mejor escuela de lucha popular que pueda tenerse. Las luchas internas de distintas formas de pensamiento y de diferentes partidos, es a su vez la mejor manera de desarrollar el pensamiento crítico y la democracia popular. Es la escuela del respeto a reglas y normas de convivencia. Es la capacidad de manejar lo diverso y no lo uniforme, lo que desarrolla la inteligencia.
La iniciativa multiplural se logra cuando todos los participantes en el movimiento popular se encuentran en un ambiente de democracia y de dirección múltiple, con reglas claras y recursos bien administrados. La dirigencia unipersonal o uní grupal generalmente crea dependencia y temor de tomar decisiones. Todos esperan que sea el líder quien defina la ruta y tome la iniciativa. Lo contrario se toma como un intento de sustitución o desacreditación del líder.
Este es el gran problema de las dictaduras, nadie puede tomar iniciativa sin hacerse sospechoso. Por eso son sistemas tan poco activos y de poca movilización de voluntades e inteligencias.
El desarrollo de la capacidad de lucha pasa por el camino de la democracia y la formación dentro del sindicalismo. Sin estos factores los sindicatos seguirán siendo mediocres e incapaces de dar la lucha en esta hora veinticuatro.
Jorge Hernaldo Jiménez Bustamante
Curridabat, junio 6 de 2008.