Cae el monopolio de seguros.

Monopolio de Seguros.

Ayer se aprobó en primer debate la nueva Ley de Seguros eliminando el monopolio.

¡Triste fecha para Costa Rica!

El fascismo internacional encabezado por el guerrerista Bush ha infringido una herida mortal a la democracia social costarricense. Lo más triste ha sido que tuvimos la oportunidad de decirle al mundo que éramos un pueblo soberano, que no aceptaba coacción, que no permitía ingerencia de nadie, ni siquiera del más brutal y poderoso de los guerreros.

Pero, ¡no tuvimos el valor de hacerlo!

Hoy seguimos agachados y sumisos viendo como nos arrebatan algo más de lo poco que tenemos. Se nos mete el zorro en el gallinero, y cerramos los ojos y deseamos que nuestro querido gallo sea capaz de defenderlo.

El monopolio de los seguros fue durante 84 años un éxito para Costa Rica. Nos dio seguridad, nos permitió una capitalización, nos dio independencia financiera. Los seguros son mundialmente los acumuladores más grandes de capital y tienen una función social que nada tiene que ver con la empresa privada.

Los seguros son sencillamente la contribución que cada uno de nosotros da para solidarizarnos con quien sea víctima inocente de la fuerza de la naturaleza o de un accidente.

¿Que más social que esa solidariedad?

¿Por qué alguien en particular va a lucrar con la desgracia ajena?

¿Si la empresa privada es de lucro para que quiere intervenir en un sistema de seguridad social?

Para competir dicen algunos incautos, porque la competencia es buena, terminan afirmando.

Los seguros tiene un gasto fijo previsible, en el sentido de que es determinable probabilísticamente, de acuerdo al riesgo propio del bien asegurado, y por lo tanto entre mayor sea el número de contribuyentes menor es la prima que cada uno debe pagar.

Por ejemplo si una persona asegura su vida, de acuerdo a su edad se determina su riesgo de muerte. El asegurador sabe cuantas personas de cada edad van a ir muriendo, y por lo tanto eso le permite determinar cuanto deberá indemnizar a sus deudos. Con base en eso fija las primas según el riego de cada uno de loa asegurados. A mayor edad mayor prima, porque hay más riesgo.

El Instituto de Seguros opera al costo. Si su costo es alto nunca igualará al costo de la empresa privada que incluye ganancia de los accionistas. De ahí la capitalización extraordinaria que ha logrado el INS.

Don Tomás Soley quien presentó el Proyecto de creación del Banco de Seguros en 1924 en la administración de don Ricardo Jiménez, citando al economista Federico Flora catedrático de la Universidad de Bologna, quien decía lo siguiente:

“Las razones morales, económicas y políticas del monopolio son evidentes: el seguro de vida es actualmente una necesidad general, por otra parte, la prestación del servicio tiende a concentrarse en pocas empresas, las cuales de los enormes capitales proporcionados exclusivamente por los asegurados, obtienen lucros fabulosos, que los progresos de la vida social y la falta de competencia acrecientan y perpetúan en beneficio de un exiguo grupo de accionistas privilegiados”.

Lo mismo podemos afirmar del seguro de incendio sobre las propiedades o del seguro de accidentes de transito, de trabajo y de casi todos los seguros que existen hoy en día.

Don Tomás decía lo siguiente:

“la función del seguro puede ser mejor realizada por el estado que por el particular., el interés colectivo debe privar sobre el interés individual, ya que el fin social no es el individuo sino la comunidad. No se justificaría plenamente la incursión del Estado en la industria privada, si el móvil no fuese un fundamente moral superior al móvil utilitario de apoderarse, en provecho público, de los beneficios de una industria.”

Y defendiendo la legitimidad del monopolio dio los siguientes argumentos, tan válidos ayer, como lo siguen siendo hoy:

Por de pronto ningún estadista niega al Estado como atributo de su soberanía, el monopolio de interés público de ciertas funciones, como: emisión de moneda fiduciaria, instrucción, higiene, etc.

De manera que el monopolio de interés social aceptado, unánimemente, por los tratadistas de cualquier escuela, y, en cuanto al monopolio de interés fiscal, no es negado de un modo absoluto por nadie. No hay nación que, directa o indirectamente, no las haga figurar en su estructura fiscal”

Y lo más importante, lo que los falsos defensores de la libertad, liberticidas como los llama muy justamente Rogelio Cedeño, no discuten ni siquiera mencionan. Los seguros se venden siempre que se hace una operación de crédito, y son los prestamistas, bancos o financieras quienes seleccionan la compañía aseguradora, y son estas quienes imponen sus condiciones sin que el prestatario pueda proponer variación alguna.

Veamos lo que al respecto dijo don Tomás:

“Por otra parte, la libertad de industrias no es para todas la industrias lo mejor ni suele resultar, en muchas ocasiones, otra cosa que un monopolio de hecho, ejercido por grandes compañías: monopolios del acero, monopolio del petróleo, etc., y, forzoso es decirlo, monopolio del Seguro. Las compañías que explotan este negocio tienen una sola tarifa y un solo reglamento, y ningún contratante puede aspirar a encontrar en una, las ventajas que le han sido negadas en otra.

El contrato de seguros, sólo en la forma puesta puede llamarse bilateral. De hecho es un contrato impuesto ya que las cláusulas han sido, previamente establecidas e impresas por uno de los contratantes: la Compañía; y al otro, el asegurado, solo le queda el derecho de aceptarlas o rechazarla, pero no el de discutirlas ni pretender variarlas”

En otra exposición don Tomás volvió sobre el asunto del monopolio y entre otras cosas dijo:

“en el contrato de seguros queda muy mal parada la famosa libertad de contratación y traducida en la práctica por una obligación, ineludible, por las exigencias del Crédito para contratar bajo cláusulas predeterminadas e impuestas por uno de los contratantes”

Así como la banca trabaja con el dinero del público así las aseguradoras trabajan con el dinero de los asegurados. Sin embargo, los beneficios en el caso de los bancos privados y aseguradoras privadas son para sus accionistas. En este país subdesarrollado no moran esos accionistas, por el contrario estas empresas internacionales viene a obtener ganancias con nuestro dinero, para engrosar los capitales de los países ricos.

Si alguna oportunidad tuvo Costa Rica de capitalizar fue por medio de la sabia nacionalización de los seguros y de la banca.

Le queda a la generación joven de hoy, rescatar lo que vergonzosamente hemos perdido.

Jorge Hernaldo Jiménez Bustamante

Curridabat 25 de abril de 2008.

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