Columna
LIBERTARIOS Y LIBERTICIDAS (219).
Por Rogelio Cedeño Castro.
Correspondiente al jueves 4 de junio de 2009.
POLÍTICA ELECTORAL: LOS LÍMITES ENTRE LA FICCIÒN Y LA REALIDAD.
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Dentro de la gran puesta en escena que constituye el diario acontecer del
mundo de la política, al igual que sucede en el teatro durante el período en
el que se representa una obra determinada tendemos a soslayar, con gran
facilidad, el hecho o la circunstancia de que se trata de una ficción, como el
resultado visible de la creación humana, fruto del trabajo del autor del drama
o comedia y de la recreación de los actores. Dicho de otra manera, tenemos una propensión a olvidar, con gran frecuencia y con una cierta ingenuidad, que tanto el lenguaje como el colorido presentes en la representación teatral no coinciden, en modo alguno, con la realidad misma, a pesar de algunas
apariencias de lo contrario. Al igual que en el teatro del absurdo, en las
representaciones de La cantratrice chauve (La cantante calva) del rumano
Eugenio Ionesco o de Esperando a Godot de Samuel Beckett estamos expuestos, a partir del lenguaje mismo allí empleado, a asumir como reales los hilos de una trama de personajes y situaciones que, en última instancia, son reductibles al absurdo, dada la persistencia de los elementos irreales, por no decir irracionales, que se ponen de manifiesto en la representación misma de las obras.
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No sucede menos en el cotidiano mundo de la política, sólo que frente a él no
somos sólo unos espectadores, aferrados a nuestras butacas y no inconscientes del todo, acerca de la naturaleza ficticia de toda puesta en escena, sino que, por el contrario, si bien continuamos siendo espectadores, corremos el riesgo de introducirnos en la escena, al confundir la obra con la realidad misma. El problema es que aquí, si no nos percatamos en ningún momento de ello, podemos sesgar de tal manera las dimensiones propias de lo real, al punto de que estas se tornen irreconocibles. De esta manera, al olvidar la naturaleza mentirosa y demagógica del lenguaje de la política caemos en la trampa de pensar que estamos viviendo dentro de determinado régimen político, por ejemplo la democracia, aunque en realidad este sucediendo exactamente lo contrario y estemos sumergidos en las miasmas del autoritarismo más desenfrenado.
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Los reiterados mensajes, emitidos a través de la televisión, la radio y la
prensa al igual que en las vallas publicitarias nos hablan de eventos y
situaciones que nada corresponden a la realidad. De esta manera, en medio de
la liberticida campaña electoral, dentro de la cual unos precandidatos
presidenciales se disputan los restos del que fuera, hasta hace unas décadas,
el partido político más importante de este pequeño país centroamericano, nos encontramos con expresiones tales como: Laura firme y honesta o Johnny, el poder de la gente, cuyo sentido conviene examinar para no quedar reducidos a la interminable y desesperante espera de Godot o, a la no menos desesperanzada espera del agrimensor K, iniciada desde su llegada a las proximidades de aquel castillo, del que se nos habla en la novela del mismo nombre, de Franz Kafka.
En el caso de la señora Laura sospechamos de que se trata de una persona,
firme y honesta, pero en sus convicciones neoliberales/neoconservadoras, las
que nos conducen a la entrega de la poca soberanía nacional que aun nos queda,
a la privatización de las empresas, propiedad de los costarricenses y a la
flexibilización laboral, con la que se pondrá fin a los derechos de los
trabajadores. La honestidad de doña Laura es la de quien quiere mandarnos al infierno laboral y social en el que, casi sin derechos, vivían los
trabajadores de hace un siglo, en vísperas de lo que ahora se conoce como la
Primera Guerra Mundial (1914-1918), una espantosa carnicería en la que
murieron millones de proletarios de entonces, para defender los intereses de
sus burguesías, presuntamente nacionales.
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Don Johny, el sempiterno alcalde de San José, trata de convencernos en esta
representación de que su propuesta de tornarse en el candidato presidencial
del viejo cascarón, en que convirtieron al otrora pujante Partido Liberación
Nacional, tanto el como doña Laura, eso si, bajo la batuta de los hermanos
Arias Sánchez, quienes de democracia no quieren escuchar nada que no sean
palabras vacías. Es decir que volvemos a las preocupaciones iniciales de uno
de los fundadores del viejo PLN, el propio José Figueres Ferrer (1906-1990),
quien allá por el año de 1943, ya nos advertía en un punzante opúsculo, acerca de los peligros del lenguaje y las palabras gastadas. He aquí algunos
elementos esenciales del grotesco drama de mal gusto, al que estamos
enfrentándonos en vísperas del próximo domingo, 7 de junio, cuando en un acto presuntamente democrático, los Hermanos Arias Sánchez y el régimen mismo,pretenden imponernos a sus sucesores, a manera de recambio, para seguir recetándonos la misma sopa, durante los próximos cuatro años.
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