Columna
=LIBERTARIOS Y LIBERTICIDAS (175)=
Por Rogelio Cedeño Castro.
Correspondiente al domingo 9 de noviembre de 2008.
BARACK OBAMA O LA NORTEAMÉRICA MESTIZA.
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La necia insistencia, por parte de los editores y propietarios de los grandes medios de comunicación, tanto a escala local como planetaria en destacar el hecho de que, por primera vez, a partir de la última semana de
enero de 2009, un afrodescendiente pasará a ocupar la presidencia de los Estados Unidos, tiene el inconveniente de todas las repeticiones machaconas y de mal gusto de algunas verdades a medias: no resisten el análisis detenido de todos los componentes de la situación o hecho a analizar. Ello por cuanto el señor Barack Obama es en realidad un mestizo, descendiente de un estudiante africano de Kenia y una joven blanca proveniente de Kansas y no forma parte del vasto tejido social, conformado por los afrodescendientes de varias generaciones quienes, a lo largo de ese enorme país, conformaron el movimiento por los derechos civiles, a partir del cual se puso fin a la discriminación de que eran objeto los negros al interior de la sociedad norteamericana. En resumen, no se trataba de un candidato negro a la
presidencia de los Estados Unidos, sino del joven candidato del establishment demócrata que habría de permitirles retomar el control de la Casa Blanca, al cabo de dos períodos y un fraude electoral que no estuvieron en capacidad de contrarrestar, allá por el mes de noviembre de 2000.
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El señor Obama es el producto del creciente mestizaje de una sociedad que, por su acendrado racismo, se había opuesto a el y lo había circunscrito a la condición de un hecho social y cultural bastante marginal. El fenómeno ascendente de las migraciones asiáticas, africanas e hispanoamericanas hacia los Estados Unidos, a lo largo de las últimas décadas, unido a un notable incremento del número de parejas interétnicas ha venido modificando, de manera radical, el perfil étnico de esa sociedad. Ya no se trata del exclusivismo de las políticas migratorias de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, a partir de las cuales se privilegió al emigrante del norte del Europa y se proclamó el melting pot o crisol de las razas superiores (¿¿???). La manipulación del famoso Cociente Intelectual, con propósitos racistas y etnocéntricos, allá en los años veinte, para detener las migraciones de la cuenca del Mediterráneo, ha quedado como un mal recuerdo y nada más.
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Estos cambios tienen preocupadas a las viejas elites blancas anglosajonas, empeñadas en mantener el mito del New Covenant o nuevo pacto de Dios con un pueblo elegido, cuyo destino excepcional es el de ejercer la hegemonía a escala planetaria. Incluso han cambiado su viejo discurso antisemita por un discurso sionista, a partir del cual justifican y apoyan el genocidio que se viene cometiendo contra el pueblo palestino. Es por ello que, cuando en 1995, se produjo el referéndum secesionista en la provincia canadiense de Québec, de habla francesa, los grupos conservadores y neoconservadores de los Estados Unidos, se mostraron muy inquietos por la gran cantidad de hispanohablantes en su viejo país. El Québec francófono independiente podría resultar un mal ejemplo, sobre todo por las grandes dificultades para asimilar a los hispanohablantes de los Estados Unidos dentro del, tantas veces proclamado, melting pot.
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En las elecciones presidenciales que acaban de efectuarse en los Estados Unidos resulta esencial no olvidar un hecho indiscutible: un sector mayoritario de la ciudadanía estaba harto de las dos administraciones de George Bush JR, en especial la juventud que se organizó, de una manera admirable, creando redes de solidaridad y acción a través de todo el país. Desde luego que no vamos a negar que el factor étnico jugó su papel en la victoria electoral de los demócratas, sobre todo cuando nos damos cuenta que el 96% de los afrodescendientes dio su voto al señor Obama y el llamado voto latino se volcó en la misma dirección.
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La crisis financiera, que se venía gestando durante los últimos años, acabó por convencer a los estadounidenses de que un candidato demócrata, no importa cuál fuera su procedencia étnica, sería el único capaz de hacerle frente a la anunciada recesión económica que ya se ha traducido en la pérdida de miles de empleos. Esta es también otra de las difíciles apuestas frente a las que se encuentra el recién electo presidente de los Estados Unidos, pues deberá demostrar que cuenta con recetas de política económica para revertir el peligroso panorama y cumplir, al mismo tiempo, con las expectativas de la llamada clase media y de los sectores más pobres, hoy ya muy golpeados por la recesión en curso.
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