La Mudanza de los Hábitos Políticos


La Mudanza de los Hábitos Políticos

 

Columna

=LIBERTARIOS Y LIBERTICIDAS (70)=

Por Rogelio Cedeño Castro.

Correspondiente al martes 20 de noviembre de 2007


ooooo

 

En esta discusión que estamos iniciando acerca la especificidad de los elementos presentes en el caso costarricense no pretendemos, en modo alguno, llevar a cabo un examen teórico exhaustivo y mucho menos agotar el análisis de una serie de temas sobre los cuales hay una abundante producción editorial en nuestro medio. Lo cierto es que los años ochenta marcaron un punto de ruptura con el modelo anterior, y al mismo tiempo, el inicio de la revolución neoconservadora, con la llegada al poder de Margaret Tatcher en el Reino Unido (1979) y de Ronald Reagan en los Estados Unidos (1981).

 

ooooo

 

De manera súbita, por así decirlo, los programas y políticas que habían encontrado un fuerte asidero y respaldo en una serie de instituciones internacionales, como asimismo en la concreción de algunas propuestas políticas (y sociales) surgidas al concluir la Segunda Guerra Mundial, comenzaron a ser satanizados en los grandes medios de comunicación, pero también en los consejos de ministros, el parlamento y hasta en la vida académica. Una nueva fase histórica estaba comenzando, aún y cuando todavía no ha terminado por desplegarse en todas sus potencialidades.

 

ooooo

 

Las políticas públicas, tendientes a mejorar las condiciones de vida de aquellos sectores sociales menos favorecidos, serían en lo sucesivo consideradas como un freno para el progreso y la modernización de las economías de América Latina y otras partes del mundo. La eliminación del déficit fiscal y de los saldos negativos en las cuentas corrientes de las balanzas de pagos pasó a ser más importantes que la enorme brecha o déficit social que desde aquellos años no ha cesado de ensancharse.

 

ooooo

Los años ochenta marcaron una mudanza en los hábitos políticos prevalecientes hasta entonces, sobre todo teniendo en cuenta que la legitimación de los poderes públicos estaba basada en la supuesta representatividad, recibida a través de los mandatos electorales otorgados a los presidentes de la república, diputados y regidores por parte de los electores. Dicha representatividad suponía, al menos en teoría, que los representantes debían reflejar o actuar de acuerdo con los intereses de sus electores.

ooooo

Si bien la noción misma de la democracia representativa tuvo siempre muchos elementos de ficción, sobre todo teniendo en cuenta la tendencia existente, desde tiempos seculares, entre muchos de los presuntos representantes, a sólo representarse a sí mismos y a sus intereses particulares, lo cierto es que durante la época del keynesianismo y la ilusión socialdemócrata algunos representantes intentaron ser fieles, de alguna manera, a los mandatos recibidos.

ooooo

 

Los viejos partidos políticos latinoamericanos (para no hablar sólo del caso de Costa Rica) fueron despojados de su naturaleza de impulsores de uno o varios proyectos de sociedad para adentrarse, de este modo, en el universo totalitario del neoliberalismo. Es decir que la vieja democracia representativa se empobreció a tal grado que despareció la alteridad para dar paso a una situación como la existente, hace algunas décadas, en los países del Este de Europa, durante la llamada era socialista y que llevó al filósofo polaco Lesek Kolakowski a postular de la existencia de el hombre sin alternativa, que corresponde al título de una de sus obras.

ooooo

De esta manera, en lo sucesivo estos partidos, quedaron reducidos a la condición de meras maquinarias electorales (¡Oh Daniel Oduber y tu que te quejabas de que el PLN de entonces era, a lo sumo, una buena maquinaria electoral!) que no pueden cuestionar ni cambiar los elementos esenciales de una política social y económica dictada no sólo fuera de las fronteras nacionales, sino incluso a miles de kilómetros de nuestras costas.

 

Escribe un comentario