Columna
=LIBERTARIOS Y LIBERTICIDAS (177)=
Por Rogelio Cedeño Castro.
Correspondiente al domingo 16 de noviembre de 2008.
LOS RIESGOS DE LA OBAMANÍA DESATADA.
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El sobredimensionamiento del triunfo electoral del señor Barack Obama, quien será el nuevo presidente de los Estados Unidos, a partir del próximo 20 de enero, presenta todos los riesgos que contienen aquellas expectativas infundadas. No se trató de la elección del nuevo presidente de Costa Rica, sino de la del gobernante de la nación más poderosa del planeta, al menos en términos militares, como para prever cambios inmediatos en las políticas sociales y económicas, al menos en lo que a nuestra nación se refiere. Por el contrario, nada nos conduce a esperar que a partir del hecho de la elección de un nuevo gobernante, para ocupar la Casa Blanca de Washington, la nación más expansionista de la historia vaya a abandonar su vocación imperial y a modificar, de manera radical, la naturaleza de las relaciones que ha venido manteniendo, a lo largo de la historia, con el conjunto de los países de América Latina.
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No deja de sorprendernos que algunas de las gentes de nuestro país y otros de la región, uno de cuyos rasgos más sobresalientes ha consistido en ser muy críticas hacia la descarnada dominación imperial, puesta en evidencia durante la administración republicana de George Bush Jr, terminen por bajar la guardia con tanto candor. Pareciera como si un hálito de magia hubiera descendido sobre el carismático Barack Obama para convertirlo, de la noche a la mañana, en la cabeza de la transformación de todo lo habido y por haber en su país, al igual que en el resto del planeta. Con todo lo atrayente que pueda resultar la magia, esta viene bien para los grandes mitos fundadores, tal y como sucedió con el de la famosa espada excalibur de la leyenda del rey Arturo, por cierto llevada al cine en una bella producción, lo que en el caso del señor Obama puede resultar muy riesgoso, en especial para nosotros los países vecinos, ubicados al sur del río Bravo, ya que estamos obligados a atenernos a las realidades y a los hechos concretos a la hora de formular nuestras conclusiones, ello como un paso previo para poder actuar en medio de una realidad tan compleja, sobre todo por la crisis que vive hoy el conjunto de la economía mundial.
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Este tipo de expectativas infundadas parece obedecer al más elemental desconocimiento de cómo es que funciona la vida política en la capital de los Estados Unidos, en especial en cuanto a la capacidad de lobby o cabildeo que poseen los grupos económicos más poderosos de ese país para influir, de manera determinante, en las decisiones que se tomen tanto en el Capitolio como en el salón oval de la Casa Blanca de Washington. No olvidemos que la administración saliente del republicano George Bush Jr ha venido actuando con la bendición de los parlamentarios demócratas de ambas cámaras, en especial en lo referente a toda la legislación represiva que se ha venido aprobando desde antes del 11 de septiembre de 2001, la que ha puesto en peligro las libertades civiles de los propios ciudadanos estadounidenses, todo ello con el pretexto de combatir un terrorismo que el propio imperio se ha encargado de estimular y alimentar.
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Las grandes expectativas en cuanto al gobierno demócrata que se instalará en Washington, a partir de enero entrante, parecen obedecer más a la percepción de la derrota de los republicanos John McCain y Sara Palin, como la concreción del bien supremo frente al mal que estos encarnaban, en especial por la posibilidad de que continuaran llevando a cabo la política de la guerra preventiva y siguieran con el unilateralismo más desenfrenado, en materia de relaciones internacionales. La verdad es que la detonación de la crisis de Wall Street y la consiguiente crisis económica se constituyeron en el elemento decisivo para la derrota de los republicanos, aunque también en el elemento más inquietante del momento histórico, al que le tocará hacerle frente el nuevo gobernante de los Estados Unidos.
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Desde hace más de una semana, advertimos que el imperio sigue siendo el imperio, a la vez que recomendamos la cautela y un optimismo lo más moderado posible frente al triunfo electoral del señor Barack Obama. Es sólo a partir de allí que podremos esperar algunos cambios en la política de Washington, los que asumidos con cabeza fría y juicio independiente, podrían eventualmente ser beneficiosos para los pueblos de América Latina y el conjunto del planeta. En realidad, nosotros los del sur del río Bravo estamos obligados a actuar y a confiar sólo en nuestras fuerzas, reafirmando nuestra capacidad de actuación regional y mundial, sin esperar que las soluciones a nuestros problemas provengan de iniciativas y decisiones
tomadas fuera de nuestro ámbito geográfico.
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