Rosa: No es más que un adiós.

Rosa: No es más que un adiós.


Después de un prolongado silencio de muchos semanas, en parte debido a razones muy dolorosas, hoy he decidido romperlo por excepción para dedicarle unas líneas de despedida a mi madre, la enfermera Rosa Cedeño Castro (Puntarenas 1926-Alajuela 2008), mujer valiente, solidaria y luchadora social incansable quien acaba de morir, a consecuencia de una siempre molesta y penosa enfermedad. Por su militancia política, sindical y revolucionaria su paso por esta vida formó siempre parte de un proyecto colectivo secular que torna ineludibles la solidaridad y la justicia entre nosotros los seres humanos. En su corazón no cabía el monstruoso egoísmo y el darwinismo social que amenaza con borrar todo vestigio de humanidad, bajo la consigna no siempre oculta de sálvese el que pueda.

 

ooooo

 

El dolor que ello me causa se compensa con el hecho de que su sufrimiento físico no se prolongó, sobre todo porque debemos recordar que la vida no es la mera supervivencia, ni una cadena de dolor y de sufrimiento en tributo de sanguinarias deidades. En esencia porque lo que está hoy de moda llamar “la calidad de vida” es un asunto esencial y central de todas nuestras luchas, de ayer y de siempre. Buscando superar la condición de la mera animalidad y la supervivencia de los más fuertes, los humanos hemos buscado ir más allá de esa condición sembrando semillas de solidaridad y de amor. Ello por que parafraseando a Walter Benjamín “Sólo gracias a los sin esperanza nos es dada la esperanza”, desde luego una esperanza de que las cosas pueden mejorar y que podemos ser de verdad mejores.

 

ooooo

 

Mi madre fue una mujer valiente que en el medio misógino y violento de los años cuarenta resolvió criar sola a su hijo mayor (quien escribe estas líneas). Su vida de trabajo y de lucha constante como enfermera le permitió cuidar a sus padres hasta que fallecieron a mediados de los años cincuenta, transcurrió en medio de una aceleración de la toma de conciencia de las mujeres acerca de sus derechos y de la importancia de sus luchas. Algunos textos de Simone de Bouvoir llegaron a sus manos y pude ver por allí una edición de “Bonjour Tritesse” de Françoise Sagan como una expresión de los temas que inquietaban a las mujeres de “avant garde” de aquella generación.

 

ooooo

 

Su militancia de décadas en el histórico Partido Vanguardia Popular, con el cual he discrepado en muchas oportunidades y coincidido también en muchas otras, es algo digno de mención. Su adhesión consecuente en las buenas y en las malas a ese viejo e importante sector del movimiento popular costarricense durante los duros años cincuenta, cuando la derrota en la guerra civil de 1948, les costó el ostracismo y la persecución a los viejos camaradas es algo que no puedo dejar de mencionar, sobre todo en estos tiempos neoliberales del hombre competitivo y exitoso. Gracias madre, por haber estado entre los que son consecuentes con sus principios y con sus actos, aun en la mayor adversidad

 

ooooo

 

La amistad con Carlos Luis Fallas Sibaja (1909-1966), a quien cuidó durante sus últimos días fue una parte esencial y una expresión de ese compromiso con la lucha social. Su visita a Cuba en 1963, cuando el imperio trataba de ahogar a la naciente revolución cubana, en nombre de una democracia que nunca fue, le atrajo las iras de la reacción y su foto, al lado de las otras de sus compañeros, apareció en páginas pagadas en los diarios como si fuera convicta de un crimen. El único crimen de Rosa fue el de ser solidaria con los condenados de la tierra de que nos hablaba, a comienzos de los sesenta, el martiniqués-argelino-francés Franz Fanon (1925-1961) y su convicción de que un mundo mejor era posible.

 

ooooo

Cuando niña, allá en su Puntarenas natal de los años veinte y treinta, dejada perdidos los zapatos en la playa y estaba expuesta al regaño de sus padres, quizás desesperados porque esa chiquilla soñadora que fue mi madre en su afán de buscar conchas y tesoros en el mar los olvidada a la orilla del inmenso océano, a partir del cual nació la vida hace muchos millones de años. Hasta la victoria siempre, camarada Rosa Cedeño.

EL AMOR TRIUNFARÁ SOBRE EL OLVIDO.

El fallecimiento de mi madre, la enfermera y luchadora social incansable Rosa Cedeño Castro, ocurrido el lunes 26 de mayo en horas de la madrugada, en el Hogar de Ancianos Santiago Crespo, de la ciudad de Alajuela, me condujo a exteriorizar y hacer públicos mis sentimientos acerca del alejamiento físico definitivo de esta mujer que no sólo me dio la vida, sino que con toda generosidad me impulsó y me permitió darle curso a muchas de mis iniciativas políticas y académicas más importantes, como también las de mi querido hermano Joaquín. Sin embargo, estoy seguro que tanto para mi como para muchos amigas y amigos muy queridos de toda una vida, lo más importante es que vivirá siempre en la memoria de quienes fueron testigos de sus luchas por un mundo mejor, sobre todo en estos días de tanto cinismo e indiferencia, propios de los cultores del triunfo efímero y cortoplacista de un capitalismo necrófilo y despiadado que se resiste a morir.

ooooo

Mi agradecimiento por las innumerables muestras de afecto e identificación que recibí, a partir del texto de la columna anterior, me conducen a seguir comunicándome con mis generosos y pacientes lectores. De no haber escrito ese adiós a Rosa sentiría que estaba traicionando su memoria y enviando desde ya al olvido, todo cuanto habíamos compartido y también discrepado, a lo largo de muchas décadas. Necesitaba, de manera imperiosa, decirles a todos quien había sido esta mujer a quien la enfermedad había reducido al silencio desde hace un par de años. Creo que sobre todo las mujeres lo entendieron muy bien, entre ellas Teresita Villalobos, Patricia Alvarenga, Tatiana Lobo, Isabel Ducca, Lilliana Víquez Arrieta, Rosario Incer, Marta Nidia Salgado, Elizabeth Fonseca, Flor Abarca, Carmen Méndez Navas, Lucrecia Molina, Damaris Salas, Marcela Montanaro, Graciela Blanco, Flora Fernández y Sandra León, tan cercana a nosotros por muy diversas razones. A todas ellas mi gratitud porque me demostraron su generosidad y la nobleza de sus sentimientos, al igual que muchas otras que no necesariamente nos los expresaron por escrito.

ooooo

A Luis Ferarios le agradezco su bello y emotivo poema en que nos expresa toda su solidaridad y la esencia de lo que en verdad cuenta. Los conceptos de muchos amigos tales como Danilo Pérez Zumbado, Francisco San Lee, Claro González Valdés, Joaquín Meléndez González, Oscar Navarro Rojas, Eduardo Mora Castellanos, Jorge Castillo Arias, Rodrigo Gutiérrez Sáenz, Juan Carlos Ferreto, Abelardo Morales, Federico Picado Gómez, Mario León Rojas, Pablo Zúñiga (sí, Pablo no la hemos perdido ¡Sigamos adelante!), William Páez, Pablo González Chaverri, Federico Salas Herrera, Gerardo Olmos, Jorge Jiménez, Jaime Delgado Rojas, Rodolfo Pacheco Tinoco, Ricardo Ruiz, Fernando Lizana, Jaime González Dobles, William Rodolfo Ulloa, Luis Diego Mata, Héctor Ferlini, Daniel López Arzola, Eric Chaves, Paúl Benavides Vílchez, William Vargas, Obed Venegas (desde su cálida ciudad de Maracaibo, Venezuela) y José María Abreu, desde la todavía aun más lejana ciudad de Cumaná, allá en el Oriente Venezolano, entre otros, a quienes pido disculpas si estoy siendo omiso, los llevaré siempre en mi memoria. Lo mismo para mis queridos amigos del Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ) de América Latina.

ooooo

La carta solidaria de un grupo de estudiantes de la Escuela de Sociología, encabezados por Luis Diego Mata y Lucrecia Molina es algo que agradezco y me llena de la más profunda emoción. No quiero mencionar otros nombres de la lista, por así decirlo al azar, para no ser injusto y sólo diré, por ahora, que les profeso el mayor de los afectos y mi eterna gratitud. Mi amor para todos ellos y ellas, es un amor con el que estoy seguro construirán la utopía de un mañana mejor para todos.

ooooo

A mis compañeros de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNA, Roberto Pineda Ibarra, Carlos Buezo, Carlos Cruz, Carlos Naranjo Gutiérrez, Maynor Mora Alvarado, Alexis Chinchilla lo mismo que a Patricia Mora Castellanos, José Merino del Río y Eduardo Mora Valverde, va toda mi gratitud por su presencia en estas horas, en que despedimos a nuestra querida Rosa Cedeño Castro, con un hasta la victoria siempre. La lucha sin fin sigue…

Las razones de nuestro silencio.

Sólo un dolor muy profundo, como el que me ha causado la muerte de mi madre, ha podido llevarme a romper el silencio en que cayó esta columna, de mi autoría, desde mediados del mes de marzo anterior, a raíz de la grave enfermedad que afecta a mi esposa, la escritora y filóloga costarricense-chilena Luz María de la Cruz Redón. Hoy no me queda sino compartir con mis lectores, en especial mis compañeros de la UNA, las razones de este silencio y continuar haciéndoles partícipes de algunas dimensiones de la vida de nuestra querida e inolvidable Rosa.

ooooo

Su fidelidad a las luchas de los trabajadores de la salud y su constante preocupación hacia las necesidades de los pacientes de los hospitales condujo a mi madre, la enfermera Rosa Cedeño Castro, hacia la organización sindical y en particular a la secretaría general del Sindicato de Trabajadores del Hospital Blanco Cervantes, al promediar la década de los setenta, durante el difícil proceso que el traspaso de los hospitales de la Junta de Protección Social de San José a la Caja Costarricense de Seguro Social. Sin duda que estaban ya planteados los graves problemas de la universalización de la seguridad social, los que sin una política previsora y consecuente de los gobiernos, a partir de la cual pudiera resultar exitosa, nos han conducido a la grave crisis que hoy vive el sector salud.

ooooo

A Eugenio Sancho quiero agradecerle las expresiones que tuvo hacia mi madre y que transcribo para mis lectores “…hoy a leer sobre Rosa, la enfermera con la cual trabajé y admiré como enfermera por su entrega su devoción a los pacientes y su valentía por valorar los actos y los hechos dentro de lo justo me encuentro con la sorpresa de que es tu madre, que pena me da y lamento la partida de Rosa.” En efecto Rosa durante los largos años en que laboró en un oficio tan duro y delicado como la enfermería se identificó con las necesidades y expectativas de sus pacientes.

ooooo

A Margarita Rodríguez de la Escuela de Filosofía le agradezco también su gentiliza y la agudeza de sus observaciones. En realidad se trata de seguir, de manera consecuente, en la lucha por un mundo de verdad mejor, y sobre todo, más solidario. A mi compañero de Facultad de toda una vida Mario Hidalgo González le expreso mi agradecimiento por acompañarme en esta hora tan dura, cuando se que el también ha atravesado por momentos muy difíciles, no hace mucho tiempo atrás.

ooooo

En cuanto a “Nuestra abrazo solidario” que me dirigieron los estudiantes de Sociología quiero romper un poco mi decisión de ayer y mencionar a mis queridas tres mosqueteras: Yendry Murillo, Evelyn Arroyo y Lissete Madrigal sin faltar por allí alguna d`artagnana. Mi gratitud también a Liany Alfaro, Rebeca Bolaños, Cindy Chinchilla, María Alejandra Díaz, Cindy Guevara, Juan Gutiérrez, Paulo Gutiérrez, Alejandra Porras, César Ramírez, Carolina Rodríguez, Natalia Rodríguez, Cinthya Rosales y Danelly Alejandra Salas.. Desde luego que también a Lucrecia, Gerardo y Luis Diego a quienes mencioné en el día de ayer.

ooooo

Estoy en deuda con mi amigo, el reverendo Obed Vizcaíno quien desde su Iglesia Reformada de Maracaibo me ha dado voces de aliento y me ha enviando unos poemas muy bellos, los que sin duda nos compensan en estos días tan duros. Sólo le pido disculpas al buen amigo maracucho -como dicen allá en Venezuela- por haberle cambiado el apellido: Vizcaíno y no Venegas es el que le corresponde.

ooooo

A mis queridos familiares tendré que dedicarles algunas líneas por su presencia solidaria y en especial a mis guapas y gentiles primas Méndez Cedeño: Heydi, Carmencita y María Eugenia. Gracias Fede y Alfredo que estuvieron allí en la despedida final, lo mismo que a Toño. En cuanto a Humberto Cedeño Guerra, mi primo y profesor de la Escuela de Medicina Veterinaria, debo expresar mi gratitud y la gran comunión que ha habido entre nosotros durante los últimos años. Para vos Humberto mis mejores deseos

Rogelio Cedeño Castro

junio 2008

Escribe un comentario