Asalto final a la verde naturaleza.

ÁLVAREZ DESANTI O EL ASALTO FINAL A LA VERDE NATURALEZA DEL CARIBE PANAMEÑO (II y final).

 

Rogelio Cedeño Castro, sociólogo y catedrático de la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA).

 

V

 

Los llamados desarrollos turísticos en muchas áreas de nuestro continente, e incluso a escala planetaria, han terminado por favorecer los intereses de unas cuantas empresas transnacionales y de sus aliados locales de las elites del poder. El caso del excandidato presidencial, candidato a diputado y jefe de campaña del candidato del PLN, Johnny Araya Monge, para elecciones generales del mes de febrero de 2014, no es en modo alguno, una excepción, sino más bien la regla del comportamiento esperado de estos hombres y mujeres del régimen imperante en nuestros países (Costa Rica y Panamá), quienes consideran que los bienes del patrimonio de cada una de estas naciones son de exclusiva propiedad, estando destinados a ser usufructuados  para su particular beneficio. Aún en el remoto caso de que las acciones de Antonio Álvarez Desanti, su esposa y su hija fuesen legales, queda planteado un profundo abismo en términos de la ausencia de ética de su parte, a no ser que nos rindamos ante la ética de los poderosos, de los triunfadores y de los exitosos aun costa del perjuicio para las grandes mayorías.

 

Los testaferros de este tipo de acciones de rapiña, ejecutadas bajo el rótulo del desarrollo y el progreso, vienen a ser algunos ngäbes y mestizos panameños renegados, pero sobre todo una codiciosa abogada chiricana, la señora Evisilda Martínez, quien en ya en el mes de julio de 2009, realizó un contrato de compraventa con los Álvarez Desanti, sobre unas tierras que no eran de su propiedad y sin que hubieran comenzado los procesos de prescripción adquisitiva de las fincas o tierras compradas posteriormente, a precios irrisorios a algunos campesinos ngäbes, en la condición de testaferros suyos, por parte la susodicha abogada, quien obtuvo una cuantiosa suma por la venta de esos terrenos a Álvarez Desanti y otros socios de empresas transnacionales, próximos al actual presidente panameño Ricardo Martinelli e interesados en apoderarse del litoral caribeño de la Comarca Ngäbe-Buglé (Ereida Prieto Barreiro Diario La Prensa Panamá, El País CR 18/06/13), con el propósito de llevar a cabo unos megaproyectos de desarrollo turístico, bastantes similares a los ejecutados en la provincia de Guanacaste, del lado del Pacífico de Costa Rica.

 

VI

 

Cuando hablábamos de los casos de las provincias de Chiriquí y Guanacaste, en dos países vecinos y con muchas semejanzas, sobre todo en términos de los modelos de explotación turística nos estábamos refiriendo, con toda claridad, a cómo en el caso de la segunda, ese desarrollo turístico promovido por las grandes cadenas hoteleras en algunas de las mejores playas guanacastecas ha terminado por dañar los manglares y también, se ha constituido en una amenaza para los acuíferos, comprometiendo las existencias de agua para el consumo humano, lo que dio lugar a una intenta lucha y movilización, por parte de los habitantes del cantón de Carrillo, donde se ubican algunos de estos hoteles. Nuestra corta visita a una playa chiricana como La Barqueta, próxima a la ciudad de David, nos dio algunas pautas para reflexionar y compartir con personas que, como en el caso de Guanacaste, han experimentado las consecuencias de un modelo de actividad turística, de naturaleza perniciosa y cómo los chiricanos, quienes todavía se hallan a tiempo de evitar el caer en esa trampa. La irrupción de las transnacionales y de los rapaces intereses económicos de los Martinelli y los Álvarez Desanti en el caso de la Comarca Ngäbe-Buglé, hacia el norte de Chiriquí, en el Caribe Panameño, hace más urgente la reflexión y la acción de los habitantes de una de las provincias más ricas de Panamá, fronteriza con Costa Rica y con un extenso litoral en el Océano Pacífico, acerca de estos temas tan delicados. Nuestro mejor deseo es el de que Chiriquí no siga el camino de Guanacaste, un camino de esclavitud y de ausencia de ciudadanía para sus tenaces y heroicos habitantes, dignos de una mejor suerte en ambos casos.

 

VII

 

La naturaleza y los ecosistemas únicos de la región del Caribe Panameño y Centroamericano se encuentran gravemente amenazados, por tratarse de unas pocas regiones del istmo en donde todavía la explotación capitalista de los recursos naturales, en gran escala y con criterios de rentabilidad, no ha llegado a su pleno despliegue. Las dinámicas socioeconómicas y culturales, propias de los pueblos originarios del continente Aya Ayala o América, de naturaleza comunitaria y tendientes a la satisfacción de sus necesidades primarias han venido impidiendo o frenando este asalto final, como un hecho que ya toca a sus puertas, en el tanto en que es el resultado de las concepciones y las prácticas del desarrollismo modernizante de las represas, la minería a cielo abierto y las dinámicas capitalistas en el agro, impulsadas en gran medida por el campesinado mestizo chiricano, las que han venido planteando una contradicción, cada vez más abierta, entre estos dos sectores de la población del occidente panameño. Al igual que en el Caribe Costarricense, en las  solitarias y codiciadas playas de Moin (v.gr. el emotivo y valiente artículo de don Juan Figuerola, LAS TORTUGAS INVISIBLES DE MOIN, a raíz del asesinato del ambientalista Jairo Mora, hace apenas unas semanas), las  tortugas carey (y otras) de las playas de Punta Valiente, en el distrito de Kusapin, se encuentran ya en el camino de su conversión postrera y serán, dentro de no mucho tiempo, apenas un recuerdo para las próximas generaciones.

 

VIII

 

No hay duda alguna, mientras entre los habitantes de dos países vecinos, suelen existir una serie de barreras mentales y culturales ligadas a las nociones mismas de frontera o estado nacional, como una línea imaginaria o como producto de la separación causada por un rio, cuyas riberas se comparten. En fin, se trata de unas barreras que producen una ceguera que llega a borrar hasta la existencia de lo regional, en cada país, como también de la presencia de lo étnico y sus connotaciones, aunque ambos factores se hagan evidentes por si mismos. En cambio, muy por el contrario, las elites del poder político y económico de esas naciones vecinas se entienden a la perfección, haciendo amistades en corto plazo y uniendo intereses comunes, para su beneficio exclusivo. Verdad que sí, don Ricardo Martinelli, don Johnny Araya y don Antonio Álvarez Desanti, pues tal y como señaló la periodista Eraida Prieto-Barreiro de La Prensa, de Panamá, si bien se autocalificaban como viejos amigos, la verdad es que se conocieron, hace algunos meses, en la capital panameña, a raíz de un partido de futbol entre las selecciones de ambos países (Las conexiones ticas en Panamá, La Prensa, Panamá, El País CR 20/06/13). El asalto final a la verde naturaleza del Caribe Panameño comenzó hace ya tiempo, queda ver ahora la respuesta que darán los pueblos ngäbe-buglés y de otras naciones (pueblos-nación) originarias de Abya Ayala, dentro de su larga lucha que dura ya más de cinco siglos.
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