En el nombre del niño.

En el nombre del niño, con seis añitos de edad, que se levantó temprano,se alistó y llegó lleno de entusiasmo a su querida escuela con animo de aprender y convivir con sus compañeros y su maestra.

En el nombre del niño que entrando tempranito a su escuela, ,con toda su inocencia y bondad, sin que él se de cuenta de lo que está pasando, de repente una bala asesina lo impacta en su espaldita y un automóvil vil se introduce en su escuela lo atropella, dejándolo  tendido en el suelo.

¿Acaso no sentimos culpa de que estas situaciones sucedan? ¿Acaso no sentimos que todos los adultos debimos hacer algo para que estas cosas no llegaran a producirse? ¿Acaso sucesos de esta calidad no denotan una sociedad enferma y deshumanizada?

Mucho se habla de derechos humanos en esta sociedad que de neurótica ha pasado a ser criminal y destructiva.

¿Acaso no sienten culpabilidad los que día a día fomentan el consumismo exagerado conduciendo a los jóvenes a hacer cualquier cosa por tener un carro y demás bienes de consumo superfluo? ¿Acaso no se sienten culpables quienes han trastocado los valores e invertido la pirámide de necesidades, convirtiendo lo superfluo en esencial para la vida social?

¿Acaso no sienten culpabilidad los que día a día, noche a noche,  desde las pantallas de la televisión, han convertido el crimen en una hazaña y los criminales en osados héroes?

Preguntémonos a consciencia: ¿Cuales derechos humanos prevalecen en nuestra sociedad, los de los niños o los de los delicuentes?

“No podemos encerrar un delicuente porque nuestras cáceles son inadecuadas y violaríamos sus derechos humanos”.

“No podemos expulsar un extranjero sin papeles porque violaríamos sus derechos humanos”.

“No podemos condenar un delicuente si no hay pruebas materiales de su crimen, aunque todas las pruebas circunstanciales lo impliquen en el caso”.

“No podemos condenar un delicuente si las pruebas en su contra no fueron obtenidas siguiendo al pie de la letra el procedimiento legal, aunque todos sepan que es culpable y el delicuente no niegue su culpabilidad”.

“No podemos expulsar a un delicuente extranjero que es detenido con armas de fuego ilegales porque no tenemos donde encerrarlo mientras se hace el procedimiento de extradición”.

Todo esto porque somos muy cumplidores de los derechos humanos.

Y, ¿el derecho a la vida, de los niños y de las personas honestas donde quedó?

En el nombre del niño, en el nombre de los niños, en el nombre de todos nosotros, basta ya.

Que sepan de antemano los extranjeros que quieren venir a hacer negocios ilegales en nuestro país, que este es un país pobre y que no podrán tener hospedajes de lujo para ellos sino cáceles inadecuadas

Que sepan que serán tratados con la misma cuchara con que ellos nos tratan a nosotros.

Que no los dejaremos entrar y que si vienen los expulsaremos sin contemplaciones.

Téngalo por seguro, ciudadano que se tomó la molestia de leerme, que  si hacemos lo que se debe de hacer, ellos no volverán, como no van, hoy en día, a hacer de las suyas, a países como Israel o Singapur.

Y los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, que les gusta vivir como reyes hasta su muerte, que de ahora en adelante mejor cierren su lujosa boca tapizada de implantes a costa de la miseria de muchos de nosotros.

 

George Zenemix

Mayo 2017

 

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